NO SOMOS ANTI-SISTEMA

 

Hace pocos días, mientras ojeaba artículos sobre educación en internet, me encontré con un interesante gráfico, en él había cuatro recuadros: El primero era un profesor que culpaba a los padres de familia porque no dedicaban tiempo a la educación de sus hijos en casa, el segundo era el padre de familia que se quejaba del maestro por la mala crianza de su hijo y por los contenidos sin sentido, el tercero era el director de la escuela culpando al gobierno por los pocos recursos que destinaba a la educación, y en el cuarto recuadro, un gobernante analizando la forma de capacitar a los profesores para que el sistema funcionara correctamente. No pude encontrar un gráfico más preciso para explicar el funcionamiento del sistema educativo en América Latina, que no es más que la evasión de responsabilidades de todos los implicados, sumado a la descontextualización de contenidos y a una cantidad de regulaciones (que no regulan nada), que lo único que hacen es estandarizar, es decir, tratar de formar a todos en los mismos temas, bajos los mismos métodos, con los mismos recursos, prepararlos como si tuviesen un mismo modelo de familia, de entorno, de capacidades, de intereses, de dificultades, etc.

Esa “mismidad”, que acabo de mencionar, es una de las razones que provoca que el sistema se descalabre, así que no es extraño encontrar estudiantes desmotivados que sienten que sus necesidades, gustos e intereses son anulados en la escuela y que no hacen parte de esa gran masa llamada alumnado a la cual los docentes quieren someter a toda costa, mediante discursos temáticos a los que el aprendiz no le encuentra sentido.

Seamos claros, el sistema está pensado para un todo, no reconoce individualismos, no estima al ser humano por su afán de automatizarlo, tampoco parece entender la forma como aprende el cerebro, desconoce la diferencia entre memorizar y mecanizar, parece desconocer también los períodos de atención de un espectador (como suele tratarse al estudiante), le resta importancia a las artes como herramienta para la formación integral, evalúa frente a un papel y no frente a un problema, no sobrepone la educación emocional a la mera educación académica y mucho menos ubica el “pensar” por encima del “saber”; no procura mejorar el bienestar de niños y adolescentes sino que centra su interés en  cumplir con los contenidos estipulados en el currículo, tampoco busca potenciar las capacidades y virtudes de los educandos, más bien incentiva a los estudiantes a ser más competitivos que competentes.

Por esto y por otro tanto es que digo NO, no es que seamos anti-sistema, es que el sistema es anti-nosotros, eso sin olvidar que tú que me lees y yo que te escribo somos parte de este convulsionado sistema educativo. Ahora critiquemos nuestra responsabilidad.

Por: Angélica Vargas Figueroa

(Licenciada en Educación, certificada en Pedagogía Humana, Promoción y ejercicio de los Derechos humanos, Diseño de estructuras curriculares, Proyectos de Administración del conocimiento, Neurocoaching, entre otros; Co-Fundadora de Coaching Educativo Latinoamérica.)

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Capítulo VIII. Los molinos

Sancho:
He tenido que leer sobre los años
en que yo aún no había nacido,
He cabalgado cada orilla
Sin poder beber y estando postrado,
He visto cómo un reino de mil personas
Tiene mil veintidós luchando,
¿Cómo tú me dices que esos no son gigantes
Sino molinos de viento andando?

Angélica Vargas Figueroa

Capítulo IX. El mal llamado “amigo”

Cuántos hay que descargan su espada contra el amigo

Se vuelca la palabra en miserable puñal

Pues también los hay justos ceñidos en guerra

Dando muerte al infame y victoria a la afrenta.

Mas el mal llamado amigo,

pueril, dócil, diciéndose hermano

se acerca aletargado en la gélida noche

punzando la costilla de quien sostuvo su mano.

 

Angélica Vargas Figueroa

Capítulo XI. De cuando Dulcinea fue tras el hidalgo

 

Me desangré las piernas y seguí mi paso

El viento desbordado secó la herida

Noche entre las noches aquella

Que a un errante yo perseguía

Me senté bajo un cielo que yo ni conocía

Y desbaraté el otoño que me había soñado

Sobreviviendo a la tarde que me vuelve añicos

Lancé mi hidalgo grito, nadie me había escuchado

Sobre la costa la fiebre del amor era otra

Ahora tu rostro es impreciso

Ahora tu boca es otra boca.

 

Angélica Vargas Figueroa

Capítulo XIV. El rico besa al pobre

Donde quiera que la suerte te haya abandonado:

La humildad adorna la belleza

Si por miserable me has tomado

He aquí mi riqueza:

Me vestí de lodo en un volcán lejano

Anduve descalzo en un bosque olvidado

Vi de frente a un niño

Y sonreí llorando

Yo no soy pobre

Pobre el que no ha andado.

Me dormí en la arena frente a un mar cantando

Un infante me entrenzó el cabello

No hubo más lecho

y se durmió a mi lado.

Yo seguí el camino con mi costal cargado

A cada uno di

Y me quedé varado,

Yo no soy pobre

Pobre el que no ha amado.

 

Angélica Vargas Figueroa

Presagio

El anuló todo, todo amor, toda dicha, todo mar, todo viaje, todo orgasmo, toda hierba, toda cueva, toda idea, él anuló todo, todo de él.

Angélica Vargas

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